Hace muchos años que tengo una inquietud sobre ciertos gustos y actividades en el sexo, que hoy son un poco molestos porque me han generado pro¬blemas en distintas áreas.
Soy un hombre de veintiocho años, profesio¬nal, y no te doy más datos así puedes contar mi histo¬ria si deseas.Te puedo decir que tengo pareja hace dos años y estuve casado dos años con otra mujer pero no funcionó. El tema es que no me gusta el sexo clásico, tengo muchas fantasías. Para que realmen¬te me estimule, debo haber pasado por “el ritual”, como yo lo llamo. Este ritual consiste en conseguir una prenda íntima, por lo general bikinis con pun¬tillas. Pueden ser grandes o pequeños y no deben ser de mi pareja. Como comprenderás esto es ya un problema.
Cuando logro conseguir uno, lo uso hasta que consigo otro. La mayor excitación es cuando es usado, no me importa por quién, porque la mayoría de las veces no sé de quién son.
Como no es fácil conseguirlos, a veces debo comprar alguno y hago que la vendedora lo toque y me lo muestre y aunque no es lo mismo, luego fan¬taseo con que es de ella… en fin. No me hace muy feliz toda esta situación, pero es como un vicio y me cuesta no hacerlo. Mi pareja no sabe de esto, y no convivo con ella. Lo que sí sucede es que en el acto sexual trato de incorporar el bikini. Se lo hago po¬ner, y luego le digo que me lo deje para tener algo de ella.
Como te digo, actualmente ya no me hace fe¬liz este juego; me da miedo que me descubran cuan¬do robo lencería o, cuando voy a las tiendas, que las vendedoras se den cuenta de que son para mí o que piensen que soy gay.
Siento que no tengo libertad y la necesito para establecer una familia, pero no quiero renunciar a mis fantasías sexuales. Para terminar te cuento que uso las prendas también para la masturbación. Por fa¬vor, si puedes darme tu opinión y asesoramiento para mi caso te lo agradeceré.
Saludos cordiales.
Ramiro


Gracias, Ramiro por tu mail. Aunque parezca curioso, tu caso es más frecuente de lo que podés imaginar. Como “de poetas y locos todos tenemos un poco”, también de fetichistas todos podemos tener un poco.
Aquién no le ha pasado o sabe de situaciones en las cuales, en la intimidad —ya sea en pareja o en masturba¬ción— aparece el interés por determinadas prendas, medias de nailon, sábanas de raso u otros objetos, de él o de ella, que tienen como características, que si están, la excitación se ele¬va y la respuesta sexual se cumple de mejor manera. También se puede ser atraído por una determinada parte del cuerpo en especial, las orejas, el ombligo, o por un gesto o sonido que, si se presenta, todo se acelera.
Todos estos elementos o características preferidas en el sexo podrían ser una especie de fetiches naturales, no pato¬lógicos, que todos podemos tener y que pueden ser enrique¬cedores para nuestra sexualidad.
¿Pero cuál es el límite? ¿Has pasado el límite?
Al parecer sí.

Las diferencias entre el fetichismo natural y el patoló¬gico se definen por ciertas características.
Primero te cuento que el fetichismo problema perte¬nece al grupo de las que llamamos parafilias. Estas son tras¬tornos en los cuales el deseo e interés sexual se orientan, de forma repetida, hacia objetos inanimados, personas que no consienten, así como a animales o plantas. También a activi¬dades sexuales, como el exhibirse, mirar actos sexuales a es¬condidas, etcétera.Las parafilias más conocidas son el voyerismo, el exhi¬bicionismo, el masoquismo y su par el sadismo, la zoofilia y, por supuesto, una de las más frecuentes es el fetichismo.
Veamos si el caso que planteás entra dentro del esque¬ma de una parafilia fetichista.

Para serlo debe cumplir con estas características:

* Debe mantenerse esta actividad repetida por un pe¬ríodo no menor de seis meses. Es decir que un caso aislado no la determina.
En principio, según lo que nos contás, llevás repitiendo esta actividad desde hace varios años, así que se cumple con la condición.

* Debe provocar malestar clínicamente significativo.
Nos contás que te estás sintiendo mal, con temores y desasosiego frente a la práctica.

* Debe provocar problemas en diferentes áreas de la vida, laboral, social, familiar.

Nos contás que tenés miedo de ser descubierto; imagi¬nás que te descubren robando el bikini de la mujer de tu jefe en una reunión de camaradería, o tomando del tendedero la bombacha de la vecina. Con total seguridad esto no va a terminar nada bien para tu equilibrio emocional.
Lamentablemente las parafilias no son fáciles de tratar, pero siempre se puede mejorar la conducta, logrando que la persona tenga el control sobre el síntoma y no que el síntoma lo controle a él. Existe terapia sexual que ayuda mucho, con técnicas conductistas para alejar a la persona de situaciones de riesgo emocional hacia él mismo y riesgo social. Se debe reeducar la pulsión.

Hay casos más agudos, que necesitan otro abordaje más intensivo, y hay casos que necesitan medicación, como cuando el riesgo bordea o ingresa en lo ilegal.
Tu caso no parece ser de los más complicados, ya que el fetichismo con ropa interior es uno de los más posibles de manejar para no incurrir en problemas graves, pudiendo así incorporarlo a la vida sexual de forma más satisfactoria.
Para lo que te sucede no hay remedios caseros. Si lo deseás, debés pedir ayuda a un/a terapeuta de tu confianza, para que te oriente y optimice el proceso de recuperación.
Puede ayudar que hables con tu pareja sobre tu interés; por supuesto, no confesando en principio que has tenido que tomar prendas usadas de otras mujeres, pero sí facilitando el contacto con el fetiche y haciéndola a tu pareja partícipe del uso del mismo. Si lográs comunicarte de una manera sincera y afectuosa, es posible que ella acepte el juego y todo será más fácil.

Ni una sola palabra ni gestos ni miradas apasionadas..